lunes, 22 de junio de 2015

Sentada en lo alto de aquella colina, me percaté de que el lugar en el que me encontraba no era tan desagradable como siempre había experimentado.  El bullicio, el calor abrasador y el crujir de las plantas estaban presente, si, ¡ lo estaban ! Pero al mismo tiempo que estaban, también parecían muy lejanos. Estaba envuelta por una sutil brisa que me abrazaba con delicadeza, como si mi cuerpo estuviera envuelto por una burbuja invisible e infranqueable. Una burbuja que separaba la angustia de la calma. Y en ese lado me encontraba yo, en el lado de la eterna tranquilidad.

Observando el inmerso horizonte azul, de repente mis manos relajadas se despertaron. Algo muy suave y agradable las buscaba, y entonces me di cuenta de que no estaba sola.

Aquella burbuja, aquel mundo paralelo, aquel pequeño universo, eras tú. Y entonces supe que tenías el poder más hermoso de todos... el de convertir cualquier lugar y momento en un paraíso único. Qué afortunada era al estar a tú lado. Qué afortunada al poder mirarte a los ojos. Unos ojos que parecían esconder el bosque más fresco y la naturaleza más salvaje. La esperanza.

Te vi adentrándote en la inmensidad del mar. Mientras tú disfrutabas y dejabas morir tus miedos, yo cogí tu pequeña libreta y, sin esforzarme en buscar las palabras adecuadas, éstas comenzaron a brotar solas. Es muy fácil crear poesía. Nacía de ti, yo sólo la inmortalizaba.

Sonreí observando cómo los rayos del sol entraban en tú cuerpo y el agua purificaba tú ser. Me recordaste a una ola más, una de entre tantas que te rodeaban. Eras parte de un " todo " increíble... y, a pesar de ser una parte más, una ola en la inmensidad, eras y eres la más especial. Aquella que de entre todas, trae algo inolvidable, un tesoro y un sentimiento inigualable. La ola que trae la calma, la pieza que encaja, la luz que ilumina.

Nunca podré alejarme de aquello que me da la vida. Nunca podré alejarme de ti.

Sé siempre tú.




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