jueves, 24 de octubre de 2013

EL RETROCESO

En concretos momentos de la vida, sientes de repente, que todo se para en seco, que los sentimientos que corrían libres y que eran imposibles de alcanzar quedan intactos de golpe, hundidos en un mar de lodo del que es inviable sobrevivir.

A veces crees que estás atrapada, sin esperarlo te encuentras entre cuatro paredes invisibles que te encierran en un momento permanente, en un instante eterno donde solo cabe la angustia, los miedos,la incertidumbre... no dando lugar a nada más. Ni a una sonrisa, ni a un rayo de sol, ni a un soplo de aire fresco, ni a un “ volver a empezar”. Las tormentas de arena parecen no disiparse nunca, y en un intento de proteger tus ojos, los cierras, quizá demasiado tiempo, quizá solo un segundo que dura más de lo previsto.

Todo es oscuridad. La espesa y contundente negrura se vierte sobre ti tratando de devorar cualquier atisbo de esperanza. Y te mantienes inerte, sabiendo y aceptando que cualquier acción es inútil, que más allá de esa niebla solo hay otro huracán, otra tormenta quizá mucho peor que esta. Mejor no comprobarlo, piensas. Ya es demasiado tarde, es esto lo que mereces.

Entonces, sin preverlo, sin ser consciente de que es cierto, una gélida gota de agua cae en tu interior, mojando tu alma, refrescando tus emociones. Recorre tu cuerpo muy despacio, amaneciendo cada poro, abriendo cada sensación.
Sólo los valientes se dan la vuelta para observar de donde procede, sólo aquellos capaces de arriesgar su amor disipan al fin ese glaciar helado que se va derritiendo poco a poco, ese bloque de hielo que se congeló hace años y que ahora, en el momento exacto, quiere mostrar lo que alvergaba, regalándoselo a aquellos que supieron esperar. Por fin concibes la idea de que el frío no solo hiere, sino que conserva y mantiene lo más preciado.




La mirada cambia, los colores vuelan, renovándose dentro de ti. Sabes al fin que tus labios agrietados, cansados de soportar, no permanecieron así porque el agua se acabó, porque no hubo palabras que decir. La sangre de esos cortes fué necesaria para que ahora, justo ahora, un río de lluvia fresca los haga enmudecer, incapaces de describir una situación que valió la pena aguardar. Una sensación única nunca antes experimentada.

Comprendes que la represión no es retroceder, que si algo acabó fué porque otros vendrían. Otras personas, otros sentimientos, cargados de nuevas experiencias, de lágrimas de emoción, de vida, de ilusión. Que si se dió un beso y no se volvió a repetir fué porque el de más adelante, el que vendría después de muchos años, sería inolvidable, eclipsando a todos los anteriores.
Que si los versos que te hicieron sonreir ya no fueron susurrados más fué porque su dueño esperó a que se hicieran más grandes, a que alcanzaran lo más profundo, a que significaran de verdad, llegando entonces al corazón adecuado.

A veces unos golpes se escuchan en tu puerta, y por mucho que te hayan enseñado a no abrir, a no arriesgar, debes salir afuera, recibir lo que está detrás. La vida, el destino, la magia. Si no lo haces, quizá ya no vuelvan a tocar, solo quizá.

A veces un retroceso es el principio de un progreso cercano, de un empezar kilométrico que en un segundo se detiene en tus brazos. A veces correr no es llegar antes, a veces despertar unos minutos después supone alargar un sueño.

2 comentarios:

  1. *_*! Si puedes, ve al ayuntamiento y presenta también éste texto (junto al que ya presentaste).
    Desde luego que si no ganas con el que mandaste, con éste lo harías y sobrada. Muy bello, con un mensaje de luz después de oscuridad, de esperanza... me alegra que escribas tan bonito, tan feliz :)
    LO MERECES!

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