En concretos momentos
de la vida, sientes de repente, que todo se para en seco, que los
sentimientos que corrían libres y que eran imposibles de alcanzar
quedan intactos de golpe, hundidos en un mar de lodo del que es inviable sobrevivir.
A veces crees que
estás atrapada, sin esperarlo te encuentras entre cuatro paredes
invisibles que te encierran en un momento permanente, en un instante
eterno donde solo cabe la angustia, los miedos,la incertidumbre... no dando lugar a nada
más. Ni a una sonrisa, ni a un rayo de sol, ni a un soplo de aire
fresco, ni a un “ volver a empezar”. Las tormentas de arena
parecen no disiparse nunca, y en un intento de proteger tus ojos, los
cierras, quizá demasiado tiempo, quizá solo un segundo que dura más
de lo previsto.
Todo es oscuridad.
La espesa y contundente negrura se vierte sobre ti tratando de devorar cualquier
atisbo de esperanza. Y te mantienes inerte, sabiendo y aceptando que cualquier
acción es inútil, que más allá de esa niebla solo hay otro
huracán, otra tormenta quizá mucho peor que esta. Mejor no
comprobarlo, piensas. Ya es demasiado tarde, es esto lo que mereces.
Entonces, sin preverlo, sin ser consciente de que es cierto, una gélida gota de agua cae en tu interior, mojando tu
alma, refrescando tus emociones. Recorre tu cuerpo muy despacio,
amaneciendo cada poro, abriendo cada sensación.
Sólo los valientes
se dan la vuelta para observar de donde procede, sólo aquellos capaces de arriesgar su amor disipan
al fin ese glaciar helado que se va derritiendo poco a poco, ese
bloque de hielo que se congeló hace años y que ahora, en el momento
exacto, quiere mostrar lo que alvergaba, regalándoselo a aquellos
que supieron esperar. Por fin concibes la idea de que el frío no solo hiere, sino que conserva y mantiene lo más preciado.
La mirada cambia,
los colores vuelan, renovándose dentro de ti. Sabes al fin que tus labios agrietados, cansados
de soportar, no permanecieron así porque el agua se acabó,
porque no hubo palabras que decir. La sangre de esos cortes fué
necesaria para que ahora, justo ahora, un río de lluvia fresca los
haga enmudecer, incapaces de describir una situación que valió la
pena aguardar. Una sensación única nunca antes experimentada.
Comprendes que la
represión no es retroceder, que si algo acabó fué porque otros
vendrían. Otras personas, otros sentimientos, cargados de nuevas
experiencias, de lágrimas de emoción, de vida, de ilusión. Que si
se dió un beso y no se volvió a repetir fué porque el de más
adelante, el que vendría después de muchos años, sería
inolvidable, eclipsando a todos los anteriores.
Que si los versos
que te hicieron sonreir ya no fueron susurrados más fué porque su dueño
esperó a que se hicieran más grandes, a que alcanzaran lo más
profundo, a que significaran de verdad, llegando entonces al corazón
adecuado.
A veces unos golpes
se escuchan en tu puerta, y por mucho que te hayan enseñado a no
abrir, a no arriesgar, debes salir afuera, recibir lo que está
detrás. La vida, el destino, la magia. Si no lo haces, quizá
ya no vuelvan a tocar, solo quizá.
A veces un retroceso
es el principio de un progreso cercano, de un empezar kilométrico
que en un segundo se detiene en tus brazos. A veces correr no es
llegar antes, a veces despertar unos minutos después supone alargar
un sueño.

*_*! Si puedes, ve al ayuntamiento y presenta también éste texto (junto al que ya presentaste).
ResponderEliminarDesde luego que si no ganas con el que mandaste, con éste lo harías y sobrada. Muy bello, con un mensaje de luz después de oscuridad, de esperanza... me alegra que escribas tan bonito, tan feliz :)
LO MERECES!
Todo tiene un motivo :)
ResponderEliminarGracias